Norte y sur

Nunca mezclaría la canela con el pimentón, ni compararía la India con Nueva York, ni llevaría chandal a una recepción. Pero a veces, sólo a veces, las combinaciones más insospechadas son las que cualquiera desearía probar. 

Que tú eras más de besos de pasión de una noche, y yo era de las de besos por la mañana. Contigo.

Que tú eras más de deportes, pero yo me hacía más fuerte con este tira y afloja.

Que yo era de museos, de pasarme las tardes perdida en ellos. Y a ti con verme “esa cara de emoción” al pensar ante un cuadro era suficiente, “era el único arte” que necesitabas y estabas dispuesto a contemplar. Solo entendías de esa cara, decías.

Que tú eras más de campo, de pequeños pueblos perdidos por el mundo. Que yo necesitaba la ciudad, la multitud, los pasos acelerados cada mañana, sentirme rodeada de gente, las tiendas y el alboroto. Pero siempre he necesitado un poco de calma dentro de tanta locura, y aquel lugar contigo era siempre una buena escapatoria.

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Que tú eras el Norte y yo el Sur, pero sin un punto cardinal no tienen sentido los demás. Que los polos opuestos se atraen, y más si se trata de nosotros. Que esto es un tira y afloja. Pero como dijo un día Coelho “Porque a veces se desprende más energía discutiendo, con alguien a quien amas, que haciendo el amor con alguien al que aprecias” y a mi aún me quedan municiones para una guerra más.

Tu definición sobre nosotros es simple: “mundos distintos”. Te perdías en esas dos palabras y no dejabas que las destruyera, era algo que siempre tenías presente y  nunca has querido saber la verdad. La verdad de que contigo era yo misma, no la que otros veían. Porque tu naturalidad hacía que la mía cubriese mis inseguridades, que aunque no lo creas éramos buenos el uno para el otro.

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Algunos juraban que para mí tú eras una simple vía de escape. Y yo ahora se lo confirmo; si admiten como definición que eras aquel con el que de verdad compartía lo que pensaba, el que rebatía todo lo que decía, el que mejor conocía mi cara de asco y negación, pero también era el mismo que conocía mis puntos débiles y podía sacar lo peor, y a la vez, lo mejor de mi.

Puede ser que simplemente fue la persona que me hizo saber que había algo más que mi burbuja, que lo que necesitaba no era lo que ya tenía, sino lo que estaba por descubrir. Otra visión del mundo necesaria para entender la verdad, al fin y al cabo, el que me enseñó que era discutir por algo real.

Y quien sabe, si tendrán razón los dichos, que si los polos opuestos se atraen o directamente se matan. Porque la pasión a veces mata, pero el desgaste que provoca no tenerla aún más.

La chica de septiembre

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