Viviendo de ojalás

Ojalá que la imagines. Espero que ahora cuando no puedas verla, sea cuando más guapa la pienses. Que de tanto pensar en su mirada, acabes por desgastar su imagen y tengas que volver a ver sus fotos. Que te pases las noches en su Facebook y se te escape algún like desafortunado para ti y afortunado para ella. Que los likes no sean suficientes y abras su conversación, esa que no terminaste de responder.

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Ojalá que la necesites. Que pienses que se te está yendo de las manos la locura por no tenerla al alcance de tu mano. Que la veas como a la chica que dejaste ir y tanto te arrepientes. La que ahora estará con otro. La que ni de coña estará pensando en ti. ¿Cómo va a estar pensando en ti? Estará haciendo su vida, preciosa, en la barra de un bar con fulanitodetal, ese que tanto le hablaba y te prometía entre copa y copa que nunca se fijaría en él. Pero claro, ahí estas tú, en otro bar muy lejos de ella con una cerveza en la mano, apenándote por lo que dejaste marchar, y no puedes hacer nada. No puedes, porque fuiste tú con tus miedos e inseguridades el que no podía soportar el peso de una cosa tan grande, de una persona como ella. Esa chica que abrió tus horizontes y ahora estará despertando ilusiones en otros ojos, los de ese fulanitodetal que tanto te quita el sueño. Los de ese que no eres tú. Y ella lo sabe.

Y tú, que dices que de esto sabes mucho, que los desengaños amorosos no son nada para ti, pasas noche tras noche entre zapatos de tacón y ropa interior barata, de esa que encuentras en bares y discotecas a horas bastante sospechadas de la noche. Ella, que pese a todo, después de verte entre los labios de otras seguía ahí, con una sonrisa despreocupada haciendo lo que fuera por no dejar ver su desilusión, porque pasase lo que pasase seguía siendo esa chica especial que nunca reconocerías como algo más.

¿Y sabes qué? Ojalá que la busques en otros besos, y que un carmín distinto te recuerde a la mañana siguiente que no es ella, que te has vuelto a perder.

Ojalá que algún día dejes de ser tan cobarde y las palabras que no supiste decir vuelen hasta su ciudad, esa que tampoco quisiste visitar por miedo a que te enamorase con y como ella.

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Pero ojalá ese fulanitodetal fueras tú, y esta entrada no existiera.

La chica de septiembre

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Norte y sur

Nunca mezclaría la canela con el pimentón, ni compararía la India con Nueva York, ni llevaría chandal a una recepción. Pero a veces, sólo a veces, las combinaciones más insospechadas son las que cualquiera desearía probar. 

Que tú eras más de besos de pasión de una noche, y yo era de las de besos por la mañana. Contigo.

Que tú eras más de deportes, pero yo me hacía más fuerte con este tira y afloja.

Que yo era de museos, de pasarme las tardes perdida en ellos. Y a ti con verme “esa cara de emoción” al pensar ante un cuadro era suficiente, “era el único arte” que necesitabas y estabas dispuesto a contemplar. Solo entendías de esa cara, decías.

Que tú eras más de campo, de pequeños pueblos perdidos por el mundo. Que yo necesitaba la ciudad, la multitud, los pasos acelerados cada mañana, sentirme rodeada de gente, las tiendas y el alboroto. Pero siempre he necesitado un poco de calma dentro de tanta locura, y aquel lugar contigo era siempre una buena escapatoria.

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Que tú eras el Norte y yo el Sur, pero sin un punto cardinal no tienen sentido los demás. Que los polos opuestos se atraen, y más si se trata de nosotros. Que esto es un tira y afloja. Pero como dijo un día Coelho “Porque a veces se desprende más energía discutiendo, con alguien a quien amas, que haciendo el amor con alguien al que aprecias” y a mi aún me quedan municiones para una guerra más.

Tu definición sobre nosotros es simple: “mundos distintos”. Te perdías en esas dos palabras y no dejabas que las destruyera, era algo que siempre tenías presente y  nunca has querido saber la verdad. La verdad de que contigo era yo misma, no la que otros veían. Porque tu naturalidad hacía que la mía cubriese mis inseguridades, que aunque no lo creas éramos buenos el uno para el otro.

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Algunos juraban que para mí tú eras una simple vía de escape. Y yo ahora se lo confirmo; si admiten como definición que eras aquel con el que de verdad compartía lo que pensaba, el que rebatía todo lo que decía, el que mejor conocía mi cara de asco y negación, pero también era el mismo que conocía mis puntos débiles y podía sacar lo peor, y a la vez, lo mejor de mi.

Puede ser que simplemente fue la persona que me hizo saber que había algo más que mi burbuja, que lo que necesitaba no era lo que ya tenía, sino lo que estaba por descubrir. Otra visión del mundo necesaria para entender la verdad, al fin y al cabo, el que me enseñó que era discutir por algo real.

Y quien sabe, si tendrán razón los dichos, que si los polos opuestos se atraen o directamente se matan. Porque la pasión a veces mata, pero el desgaste que provoca no tenerla aún más.

La chica de septiembre

A propósito

A nadie le gusta hablar de finales.

Y os preguntaréis a que viene esto… Y eso me pregunto yo cuando hacéis vuestros propósitos de año nuevo. Porque seamos sinceros, ¿cuántos de vosotros los habéis cumplido más allá del día 1 de enero del año X? Es así, poco a poco vamos asumiéndolo. Inventamos y construimos propósitos que caen por su propio peso… ¿pero a cuento de qué? A cuento de que a nadie le gusta hablar de finales.

¿A cuántos de vosotros os gusta hablar del final de una relación? ¿Del final del verano? ¿Del final de la vida? ¿Del final de una amistad? Casi nunca estamos preparados o simplemente no estamos dispuestos a terminar algo, y también nos pasa con los años. El final de un año representa gente que se ha ido, que no va a volver, también dejamos atrás aquellos que ya no merece la pena conservar a tu lado, lugares a los que no volverás, momentos que recordarás dentro de unos años. Y se quedan ahí, como anécdotas que un día comentaréis en reuniones de trabajo, familiares… O quien sabe, quizá tengas suerte de compartir esos momentos con los de siempre, con los que han formado esas anécdotas contigo.

En vez de hablar de lo pasado, de todo lo ocurrido el año anterior… Nos prometemos dudosamente tanto a nosotros, como a los demás, cosas que no vamos a cumplir. Somos como niños pequeños prometiendo en sus cartas a los Reyes Magos lo buenos que han sido ese año, y pidiendo más para el próximo. Y ni si quiera es cierto, seguimos fallando en las mismas cosas y pensamos que por decir una noche que todo va a cambiar, va a ser así. Estamos equivocados, hay que aprender a vivir señores, dejarse de propósitos y conseguir las cosas a propósito. El Imperio Romano no se construyó por un propósito, se hizo a propósito. El hombre no pisó la luna a causa de un simple propósito, lo hizo a propósito. Y un sin fin de “a propósitos” más…

Por eso es triste, el día 31 de diciembre es un día triste, que convertimos en noche de copas y propósitos. Propósitos que acabarán en el suelo el día 1 como las copas de aquellos bares donde los juraste.

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Ah, y feliz 2015.

La chica de septiembre.

Los de verdad

La única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas.

Jack Kerouac

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Esa gente, y no otra.

En esta época de Navidad, como siempre, es cuando nos damos cuenta de los que de verdad importan. Afrontamos un nuevo año y despedimos 12 meses con cada uno de los momentos vividos. Y es ahora cuando miramos atrás y nos damos cuenta de quien sigue ahí y por qué. Yo por lo menos, con mis 20 primaveras me asombra decir que estoy cansada, cansada de la gente que no tiene alma, ni ganas, ni entusiasmo en la vida. Esa gente que se deja llevar por los demás, que estudian lo que quieren sus padres, aquellos que no tienen una meta en la vida… Personas que no viven.

Puestos a elegir, prefiero rodearme de gente poco común, personas de todo tipo, con quien compartir tanto discusiones como charlas entre copa y copa. Y es que un gin-tonic si es en compañía de los nuestros, sabe mucho mejor.

Porque para amigas, podría buscarme unas que me dieran la razón en todo, pero en cambio tengo aquellas que saben mis defectos, los aguantan y se ríen conmigo de ellos. Y qué hay mejor que reírse de los efectos de uno mismo. Desde pequeña me han enseñado que es lo mejor que puedes hacer, es una forma de declarar al mundo que te da igual lo que digan de ti.

¿Y de hombres? No necesito un ramo de flores en San Valentin, ni un estrellas Michelín por cada aniversario, ni un anillo en París. Si me dan a elegir prefiero un día cualquiera caminando por ahí, una cita en el McDonals (McFlurry incluido) y un “te aguanto porque sí”.

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Y si tenemos que hablar de sitios te diré que amo Madrid, pero no hay nada como unas buenas vacaciones de ti para coger fuerzas para lo que me espera año tras año aquí. Y es que hasta en una ciudad como esta te das cuenta de lo pequeño que es el mundo, y a veces, necesitamos salir de nuestro círculo para darnos cuenta de las cosas verdaderamente importantes.

De los locales de moda te puedo decir, que noche tras noche yo estaré en ellos, pero no hay nada como una tarde en el Pardo junto a ti, noches con amigas de peli-pizza-manta y un finde en el campo de desconexión. Que será que me estoy haciendo mayor, que 20 años ya no son 15, que ya he salido como para encerrarme en casa toda la vida… Pero el verbo “madurar” se refleja en cada una de estas frases, poco a poco nos hacemos mayores y tenemos que averiguar lo que de verdad nos llena.

Porque me río de los alternativos, que Malasaña está muy de moda, pero no hay nada como el bar de siempre, ese que ha vivido tantos momentos, la terraza que te vio fumar tu primer cigarro, las primeras cervezas que con esfuerzo te bebías, los primeros amores que se desvanecían…

La familia como siempre, sigue ahí, después de una adolescencia sonora, parece que todo está en calma. Y ahora eres tú la que apoya a tus hermanos y a tus primos para sus primeras salidas, fiestas y novios. Las cenas familiares y la Navidad ahora, con sus más y sus menos, pero siempre especial. Que no hay nada como veros a todos reunidos y recordar a aquellos que ya no están. Porque ellos son los que siempre están.

En un mundo de tanta artificialidad y complejos, es necesario diferenciar a aquellos que son de verdad, los que de verdad importan y los que aportan verdades.

Por todos vosotros,

Feliz Navidad.

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La chica de septiembre

La carta

Acabo de ver tu Facebook. Sí, lo confieso, de vez en cuando me paso por tus diferentes redes sociales para ver como te va la vida, pero no me avergüenzo de ello. Supongo que es normal, lo raro sería que no lo hiciese, pero voy a dejar la palabra raro para describir como me siento.

He visto tus fotos, como muchas otras veces, pero esta vez ya sabía llamar por su nombre a la reacción que me ocasionaba verlas. Eres como un extraño para mí. Y qué difícil se me hace. Después de tantos años de buenos y malos momentos hemos conseguido tras cerca de 3 años de distancia, convertirnos en extraños. Es raro.

Las malas lengua dirán que estoy celosa, que son celos lo que siento al ver lo feliz que eres con ella, pero se equivocan. Se equivocan porque ellos no saben lo que escribí hace años en esa carta, la última y primera donde escribí mis sentimientos. Esa que acabó con toda esa locura que nos desataba pero a la vez nos hacía presos, a unos más que a otros (digamos). Aquella que fue necesaria para terminar la partida de un juego que no acababa nunca, por muchas casillas de la muerte que pasaras. La carta que finalizaba con un “espero que encuentres a alguien que te quiera lo mismo que yo te he querido a ti y tengas la suerte de hacerlo tu también”, porque el amor al fin y al cabo es suerte, una suerte si os encontráis en el momento preciso. Pero nosotros no tuvimos ese momento.

Ellos no saben cómo y porqué terminó todo esto, si es que podemos decir que realmente hubo algo. Pero me siguen preguntando, me preguntan por ti cada vez que veo a tus amigos, esos que no se porque no sigues viendo tan a menudo (otra vez Facebook) y me pregunto que habrá pasado, si tendrá que ver con algo de lo que me dijiste en el pasado, o que simplemente la distancia, esa que también se ha metido entre nosotros, ha desgastado más relación que la nuestra.

No es que te eche de menos, es que echo de menos echarte de menos. ¿Cómo algo que fue tanto para mí ha acabado siendo una sensación de frialdad frente a una pantalla de ordenador?

No nos hemos visto en estos años… Bueno, hablo por mi. Porque prefiero no pensar en que me hayas visto por el retrovisor de tu coche, cruzando por la calle, subida en el autobús, en un bar o una discoteca, y que no hayas tenido el valor se saludarme, escribirme un simple whatsapp o gritarme por mi nombre para acabar con una sonrisa a la lejanía. Me niego a pensarlo, pero ya lo he hecho. Como cuando juraba no volver a verte, y al día siguiente bajaba el ascensor para recibirte en la puerta de casa. Manías de la vida.

Los primeros meses me obligaba a olvidarte y te pedí no saber nada de ti en un tiempo, por mi bien, por el de los dos. Cuando volviste a hablarme terminamos discutiendo, porque tu creías que seguía enamorada, pero mis respuestas no fueron las esperadas. Como ya he dicho antes, hay personas que no encuentran su momento, es una cosa que ya superé con el tiempo.

A pesar de todo, aunque no lo creas, solo me he quedado con buenos recuerdos. No sé si te acuerdas que yo no conseguí odiarte después de tantas cosas… Y no lo voy a hacer ahora. Será algo bueno o malo, siempre me olvido de todo, pero soy así.

Así que, el día que vuelva a verte, paseando por la calle, haciendo la compra… O quién sabe, en un futuro, en un  parque con nuestros respectivos hijos, espero que podamos mirarnos a los ojos y que la frialdad que mantenemos hasta hoy en la distancia, desaparezca en un momento en honor a todo aquello que vivimos.

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La chica de septiembre